El verdadero cuello de botella para una scaleup no suele ser su tecnología, sino la brecha de confianza que proyecta frente a competidores heredados. Al alinear estatus de marca con su tracción real, deja de justificar el precio y comienza el liderazgo de una nueva categoría. El estatus de marca no busca agradar; se diseña para eliminar la fricción en ventas B2B y acelerar el crecimiento.
Existe una sensación que ha visitado mi mente desde niño.
Que la conformación de las cosas y las interacciones entre ellas es una orquestación.
¿Predefinida desde un pasado? No precisamente.
Tal manifestación en cadena de hechos es inmune al tiempo, puesto que el tiempo se debe a ella.
Siendo yo una de esas cosas inmersas en esta danza, percibo lo de antes y supongo lo de después.
Luego de mi infancia rebosante de imaginación, consideré al hacedor.
Prontamente me sentí limitado: ¿Quién hizo al hacedor?
La respuesta más fácil fue: Aquel se hizo a sí mismo.
No. Esa alternativa no se sostendría por mucho.
Desde que me induje en el diseño a la vida real, con sus problemas, soluciones y personas reales, algo pasó.
El hacedor, o diseñador original, no parecía ser muy listo si es que él tuviera que estar en todos lados.
La omnisciencia y omnipresencia atribuidas a este ser como sus principales cualidades, en lo funcional, resultaban en contradicción.
El gran diseñador encajaba mejor como un gran delegante.
Con los delegados más famosos, entre ellos un tal Lucifer, siempre había problemas logísticos.
Cada vez que un delegado, «de libre albedrío», intentaba ejecutar las órdenes del jefe, lo echaba a perder.
Los fans del gran diseñador dirían orgullosos: Misteriosos son los caminos (métodos) del Hacedor. Él maneja todos los hilos para dar con los resultados que estime convenientes… desde siempre.
Aprendí a convivir con la fanaticada del hacedor, agradeciéndoles por volver a impulsar esa sensación de antaño:
El Hacedor, el Gran Diseñador, por diseño, era obsolescencia pura. Una parábola para una etapa inmadura de nuestra especie.
Al interesarme en el funcionamiento de nuestro propio organismo, en especial todo lo referente a la mitocondria, volví a imaginar; volví a ver.
El diseño, por definición, es funcional si se sustenta a sí mismo; si prescinde de un pensante, hacedor y ejecutor.
Es más, toda obra que requiera de un agente, no es diseño. Quizás se trate de ingeniería (prueba y error). Pero no diseño.
El texto de arriba da un contexto personal de cómo abordo el diseño.
De primeras, poco tiene que ver con el estilo e información del resto del contenido de logʁo.
Lo he incluido como una suerte de base ante todo el tema del estatus de marca en el ecosistema startup.
Además, es base para un material que estoy preparando para comunicar el estatus real.
Donde el fundador y el inversor puedan echar mano como si de una herramienta, casi automatizada, se tratara.
Es un material violento.
He buscado una mejor palabra y no doy con ella, por ahora.
Por eso has encontrado esta premisa casi oculta en la web de logʁo.
Porque será lo más honesta posible, por lo cual será vapuleada al extremo.
Con una violencia recíproca, o lo mismo, con la más fría de las indiferencias.
No habrá métrica ni estrategia para esto, a diferencia del resto de labores de logʁo.
Si quieres ir echando un vistazo en tiempo real sobre este tema, puedes escribirme.
logropuntopro@gmail.com
L Javier Calvo R
logʁo